Confusiones

Le cuento la idea de mi nueva obra de teatro a un amigo.
-Estás loco -sentencia.
-Decíme algo que no sepa -replico y me quedo esperando una explicación que no llegará.
Suele confundirse la locura con la pasión y el riesgo con el peligro. Pueden estar vinculados. O no. Si lo estuviesen, ¿qué? Me gusta arriesgar en el fútbol, ¿voy a arrugar en el arte?
Cuando se estrenó Imágenes de placer (2018), un drama con suspenso y toques sobrenaturales, alguien del medio preguntó si había cambiado de estilo. Pregunta desacertada e inexacta: se puede mantener un estilo en distintos géneros. Pero yo venía de una comedia dramática, El pasado es solo un adiós. ¿Esperaban que repitiera la receta?
Con El sueño de Julio Verne (2019), hace unas semanas nomás, asumí un infantil contra reloj y contra toda lógica. Dos actores bárbaros y un equipo de producción excepcional redujeron el margen de riesgo. Pasamos airosamente las vacaciones de invierno y seguimos otro mes en cartel. Ya en esa obra, que escribí y dirigí, también metí mano en las canciones. La música es otra de mis locuras, aunque no sé una nota.
Desafinados me gusta definirla como una comedia sentimental. Sin especulaciones de noticiero (fue escrita hace un par de años) toca temas de actualidad (aborto, embarazo adolescente, abandono paterno, familias ensambladas, entre muchos otros) sin admoniciones ni reparos.
El humor salva. Un tema doloroso se desarma y rearma más sólidamente con un ligero aire burlón. Hay que encontrarlo, claro. No es fácil. Mejor. Me atraen los desafíos.
Un elenco con cuatro personajes que ostentan similar grado de protagonismo es muy tentador para un autor-director. Más si uno de esos roles lo cubrirá alguien con enorme carisma y pleno dominio de la tele, aunque debute en teatro, y otro de los papeles será para un jovencito casi inexperto (pero muy talentoso) que deberá dejar el alma en el escenario. La van a romper, estoy seguro.
Los otros dos protagónicos recaen sobre el lomo de profesionales curtidos en las tablas. Los temerosos pueden tranquilizarse: ahí tienen su equilibrio.
Entre la música incidental y la canciones (tres por lo menos) habrá una letra escrita por mí, que además voy a cantarla, probablemente acompañado todavía no sé por quién.
Hasta aquí leo todo bastante normal.
¿Dónde está la locura?
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Foto: Jordan McDonald